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Acoplamiento
fotoEl acoplamiento de una yegua comienza mucho antes de que se produzca la cubrición. Los factores financieros, de instalaciones, de adecuación de la yegua y de búsqueda de un semental adecuado, deben tenerse muy en cuenta, así como realizar la preparación del animal antes del acoplamiento, para que el propósito sea fructífero.

Dentro de los medios financieros, debemos tomar en cuenta los destinados al tratamiento veterinario, gastos de viaje, honorarios del mozo de cuadra, o posibles alteraciones o ampliaciones de la instalación existente, así como alimentación suplementaria y a costos de crianza del potro por nacer.

Las características de la yegua como el tipo, temperamento, morfología y aptitudes de la yegua van de acuerdo con las particularidades de descendencia que se desea obtener y con el uso que se dará. Tomando en cuenta estos aspectos, podemos escoger al semental más adecuado. El acoplamiento nunca debe efectuarse con yeguas de mal temperamento, que posean grandes defectos morfológicos ó sean incapaces por debilidad o defectos hereditarios. Mediante una elección cuidadosa del semental, se pueden contrarrestar en el potro algunas imperfecciones de la conformación de la yegua. Si la yegua tiene defectos el macho ha de ser de especial calidad, con una buena reputación o con un buen historial de exhibiciones, pues de lo contrario se puede obtener un potro de características decepcionantes. Un semental pura sangre o árabe servirá para aumentar la calidad o la envergadura de la descendencia de yeguas del tipo de las jacas. Ya que si el padre es de gran tamaño, la talla de la descendencia aumentará y viceversa, si queremos obtener un animal de menor tamaño, se recomienda utilizar un semental de menor talla. El color y la estampa son más difíciles de determinar, a menos que ambos progenitores sean de una raza pura y de color similar y su ascendencia del mismo aspecto a lo largo de varias generaciones. La resistencia suele ser por parte de la yegua, la velocidad está a cargo del semental y las mejores dotes para el salto provienen de las razas de origen francés. La inteligencia se da por añadidura, el temperamento se hereda de ambos progenitores. Los caballos de carreras provienen de estirpes con excepcionales marcas competitivas. El manejo del semental y la eficacia del personal de la caballeriza tendrán una incidencia directa en el éxito del acoplamiento.

Para el acoplamiento y crianza, lo más recomendable es utilizar una yegua saludable y tranquila, en óptimas condiciones. Resulta difícil obtener una preñez tanto en las que tienen exceso de grasa como en las que se encuentran demasiado endurecidas y vigorosas. Las muy delgadas y en malas condiciones, tendrán un sistema reproductor anómalo. Por tal motivo, se debe adelgazar a las obesas y mejorar el estado de las que estén en malas condiciones, administrándoles una cantidad adicional de proteínas y un suplemento vitamínico y mineral.

Para evitar retrasos al momento de la cubrición y la preñez, antes de llevar a la yegua al establo de crianza, es importante que un veterinario experto en ginecología equina inspeccione su anatomía reproductora y órganos genitales; ya que podrá determinar si se encuentra exenta de cualquier clase de afecciones inflamatorias o bacterianas. Las infecciones del aparato genital que ocasionan inflamación de la matriz pueden causar infertilidad. Las lesiones de la vulva y del canal del parto por partos previos, anomalías de conformación de esta zona, producen infecciones, que pueden ser por rotura de tejidos facilitando la entrada de aire, o la acumulación de heces u orina a nivel de la entrada. Dichos trastornos pueden tratarse quirúrgicamente. Las potrancas con un conducto vaginal estrecho y resistente, requieren en ocasiones una dilatación manual, que debe estar a cargo de un veterinario experto que facilite la acción del semental. En ocasiones es necesario romperles, mediante cirugía, el himen. Las yeguas que se van a llevar a la zona de acoplamiento deben estar libres de gusanos parásitos y carecer de herraduras; en la mayor parte de las yeguadas será necesario, practicar un frotis durante la fase de estro, antes de la cubrición, para efectuar un análisis de laboratorio.

Es importante que en la reproducción exista un ciclo de estro estabilizado y sincronizado, la yegua debe estar en celo en intervalos regulares de 18 a 21 días. La duración del celo debe llevarse con un control escrito, así como los días que transcurren entre cada uno de los períodos, dicha información es de gran validez al querer planificar las sesiones de copulación de forma que coincidan con la ovulación. Cuando presentan ciclos anormales deben recibir tratamiento, si no entran en celo en el momento preciso pueden someterse a un lavado con solución salina, que resulta a los cinco o seis días después, de la aparición del estro. En ocasiones es necesaria la inyección de preparados hormonales para conseguir los mismos resultados, sobre todo en los casos de quistes ováricos causantes de la desaparición del estro. Si los ovarios son completamente inactivos, puede administrarse otros preparados hormonales. La inexistencia de signos de aparición del ciclo de estro en ambientes familiares y domésticos no significa necesariamente que la yegua no tenga ovulaciones regulares. El animal puede entrar en celo sin ningún signo aparente que lo demuestre; para saber si es o no normal se le procurará un cambio de ambiente y se le colocará en las proximidades de un semental.

Al confirmar que la yegua se encuentra en celo, el veterinario establece el momento de la ovulación, que se da cuando un óvulo maduro se encuentra preparado para la fertilización. Es sólo entonces cuando la sesión de cubrición se lleva a cabo, en un momento óptimo con perspectivas al logro de un embarazo. Si no se dispone de este tipo de ayudas, la yegua debe ser cubierta en días alternos durante la segunda mitad del período, que es la etapa en que generalmente se produce la ovulación. La supervivencia de los espermatozoides del semental no puede garantizarse durante más de 48 horas, y si la cubrición se efectúa demasiado tiempo antes de la ovulación se desperdicia el acoplamiento.

Para que se conozcan mutuamente el semental y la yegua, se le colocan a uno y otro lado, respectivamente, de los travesaños, cercas, portones o tableros dispuestos para ello, y se observan entonces cuidadosamente las reacciones de la yegua. Las potrancas suelen ponerse nerviosas, dado que la mayoría de los sementales empiezan a relinchar y se encabritan, ansiosos de montarlas. Es frecuente que la hembra golpee con los miembros anteriores, por su genio o por los nervios. Si aparenta estar preparada para el acto, quedándose quieta en ocasiones lo hace sentada, abriendo espasmódicamente la vulva y orinando líquido, se la puede llevar al área de cubrición. Lo normal es colocarle un bocado, a menos que se la conozca bien y se sepa que no coceará. En caso contrario, se puede fijar una maniota en la pierna; hasta que el semental la haya montado; cuando sea obvio que la yegua va a cocear, se emplearán maniotas posteriores y botas anticoces.

foto2Una vez dispuesta, el semental se aproximará a ella por detrás, normalmente con mucha ansiedad y virilidad. Si la yegua está nerviosa, se le debe calmar y mantener firmemente sujeta mientras se aproxima el macho; el guía deberá estar preparado por si empieza a brincar hacia adelante y hacia arriba, tratando de cocear. Debe mantenerse su cabeza tan alta como sea posible y, tan pronto como el semental la haya montado y su órgano se encuentre in situ, debe liberarse rápidamente la maniota. Durante la actuación del semental, a veces violenta, la hembra debe mantenerse todo lo inmóvil que sea posible, especialmente en el momento en que el semen se está eyaculando. La duración de la cópula es de uno o dos minutos..

Posteriormente, se retiran el bocado y las maniotas, se da la vuelta a la yegua y se la conduce lejos del semental durante unos diez minutos, procurando que no entre en el establo.

Si la yegua que ha de ser cubierta esta criando un potro, se debe mantenerlo lejos durante el acoplamiento. Ya que su presencia haría que la madre se mostrase posesiva y se resintiera ante las atenciones del macho. Las yeguas vuelven a entrar en celo de siete a diez días después de parir, en el llamado celo de alumbramiento, aunque en algunas son bianuales y no entrarán en una nueva preñez cuando están criando.

Si la yegua siguiendo su ciclo normal entra de nuevo en celo, se deduce que no está preñada, y por tanto debe ser cubierta nuevamente. Si entra al cabo de seis semanas, procede practicar una nueva exploración para determinar si existe infección genital; los factores hormonales deben estudiarse, ya que hay la posibilidad de que existan deficiencias. Es recomendable administrar cantidades adicionales de vitamina E.

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