Una
yegua se considera preñada cuando ha sido cubierta, al no entrar
en celo nuevamente después de tres semanas del último
acoplamiento; durante este período intermedio debe ser cuidadosamente
observada. La mayoría de los propietarios de caballos poseen
una total confianza en que la ausencia de celo en la semana en que
debería aparecer confirma sus esperanzas, sin embargo otros
consideran que con un período de seis semanas se obtiene una
mayor seguridad, especialmente si se han suscitado errores utilizando
márgenes menores. Algunas yeguas entran en celo al cabo de
mes y medio; otras, pueden pasar incluso nueve o diez semanas antes
de que entren otra vez. En cuyo caso, lo más frecuente es que
la propia naturaleza deseche el embrión y que la yegua comience
nuevamente sus ciclos, de la misma forma que sucede tras un parto.
Por este motivo, debe haber una constante observación al
volver de la zona de acoplamiento y cualquier signo de interés
sexual o conducta anormal debe considerarse dudoso. El veterinario
será capaz de determinar si la yegua se encuentra en celo
o si existe una distensión o apertura del cuello de la matriz,
lo cual sería símbolo de que se ha producido un aborto.
Si no se tiene la ayuda de un veterinario experimentado, podemos
llevar a la yegua nuevamente ante el semental para ponerla a prueba;
si éste se encuentra demasiado lejos, puede usarse a veces
un caballo castrado o un potro joven que se encuentre en la zona.
Si hay sospecha que ha existido un aborto, es necesario someter
al animal a las pruebas, ocho o diez días después
de la fecha posible del desastre.
Cuando las yeguas han sido cubiertas deben colocarse sólo
con compañeros conocidos; lo ideal es una tranquila hembra
de ponies, un asno o un cazador de edad avanzada. Es recomendable
que se encuentren en compañía de yeguas, a menos que
se disponga de algún caballo castrado que nunca haya provocado
a la hembra y para el cual hayan pasado desapercibidos sus períodos
previos de celo. No debe utilizarse como compañero ningún
caballo castrado que haya dado signos de ponerla nerviosa. Los caballos
jóvenes tienden a juguetear, coceando y galopando con gran
fogosidad y vigor, por lo que no son compañeros adecuados.
Si existen perros en los alrededores, debe retirarse a la yegua
del pastizal y mantenerla tan tranquila como sea posible.
Se puede comprobar la existencia de preñez entre los 45
a 100 días después de la última cubrición
por medio de un análisis de sangre, y después de 120
días con un análisis de orina, también a las
12 semanas, por medio de una exploración rectal interna.
Se recomienda realizar alguna de estas pruebas antes de que el invierno
comience, para adecuar las instalaciones y la dieta a las circunstancias.
Se debe alimentar a la yegua de acuerdo al ambiente en que se encuentre.
Si existe un buen aspecto y acceso a una extensa área de
pasto limpio y nutritivo, puede dejársele fuera del establo
hasta el principio del otoño, después de haberla librado
de gusanos parásitos. Cuando el pasto es de buena calidad
obtendrá todos los elementos necesarios para su dieta durante
los primeros cuatro meses; el resultado será que se encuentre
relajada y tranquila; es importante mencionar que el pastizal debe
estar cercado apropiadamente.
Si existen limitantes en el consumo, es conveniente dar una alimentación
suplementaria después de la llegada de la yegua, ya que el
feto, está formando su estructura ósea, sistema de
órganos internos y organización somática y
sensorial por las sustancias obtenidas a través de la madre,
es por ello que es importante mantener la propia constitución
de ésta. La yegua consigue estos materiales de construcción
por medio de los elementos que componen su dieta, como: fécula,
proteínas y grasas, residuo fibroso, vitaminas y sales minerales.
El desarrollo de los tejidos y músculos del feto depende
de las proteínas. Ya que la yegua repone su desgaste muscular,
es básico administrar alimentos de alto contenido protéico
como avena, maíz, linaza y habichuelas. Se recomienda también
utilizar el heno de buena calidad y la alfalfa. El residuo fibroso
debe constituirse entre la mitad y los dos tercios de la ingesta
total, pues estos elementos capacitan al animal para absorber las
proteínas y otros componentes del alimento. Son alimentos
ricos en residuo, principalmente, el heno, la barcia y el afrecho.
Las vitaminas en general resultan necesarias para la formación
del embrión y cada una jugando un importante e indispensable
papel; su papel es complementado con minerales esenciales, como
el calcio, el potasio y el hierro. Cuando el alimento es de dudosa
calidad, pueden administrarse vitaminas y minerales adicionales,
en forma de polvo, como un complemento de la dieta.
La cantidad de alimento depende del temperamento del animal y de
la cantidad de pasto de que se disponga. Una yegua pony, tranquila
y sensible, de sangre nativa o mezclada, necesita una ración
pequeña, complementando su dieta con una ración de
buen pasto, que necesitará hasta el verano, temporada en
la cual se le pueden suministrar cantidades diarias de 1 kg. de
avena o de tabletas de pienso, mezcladas con 0.5 kg. de afrecho.
Cuando la hierba ha desaparecido o es ya escasa y contiene pocos
nutrientes, se debe dar hasta 3.5 kg. de heno por la noche. Cuando
el pony presenta un aspecto robusto y se encuentra en buenas condiciones,
dichas raciones serán suficientes hasta llegada la primavera.
En cambio, si la yegua aparenta estar hambrienta o empieza a perder
peso, debe administrársele una comida adicional por la mañana,
con la misma cantidad de alimento que por la noche, y debe aumentarse
la ración de heno a 5.5 kg., siempre que lo coma todo. Los
ponies que se encuentran en zonas de pastizal escaso y de poco valor
nutritivo deben recibir dos comidas, además de la ración
de heno, desde el momento en que vuelven a su establo, en una cantidad
total variable según las condiciones globales. La yegua embarazada
no debe estar demasiado gorda, sin embargo la ración de proteínas
debe ser constante; la cantidad de heno y de residuo de la dieta
variará según convenga para mantener el peso ideal
del animal.
Las mismas reglas se utilizan para alimentar a las yeguas mayores
o pura sangre, a pesar que las cantidades de alimento van incrementándose
de acuerdo al tamaño. Por ejemplo, una yegua pura sangre
de un tamaño medio necesita aproximadamente 3.5 kg. de avena,
2 kg. de alimento y 2 kg. de salvado, los cuales deben ser divididos
en dos tomas diarias, suministrando un total de 6.5 kg. de buen
heno durante los meses de invierno, si no hay pasto. Si existe pasto
de buena calidad, lo mejor es dejar que la yegua acuda al pastizal
durante el verano, comenzando a dar las raciones complementarias
y aumentando su cantidad a medida que vaya disminuyendo la cantidad
de hierba y su calidad, y se vaya enfriando el clima.
A pesar de que las yeguas de aspecto tranquilo, son generalmente
las más eficientes, la avena resulta favorable, las que poseen
un temperamento fuerte estarán más relajadas si sustituimos
ésta por copos de cebada, maíz, linaza o nueces las
cuales son ricas en proteínas.
Para las yeguas delgadas que necesitan engordar, es de utilidad
la adición de pulpa de remolacha, cebada hervida o melaza.Los
conceptos sobre la alimentación de la yegua preñada
se pueden resumir diciendo que a medida que las proteínas
de la hierba, deben reemplazarse por otros alimentos de alto contenido
protéico y a medida que disminuye la cantidad de hierba,
debe facilitarse heno y residuo en las raciones. Un pony necesita
de 8 a 9 kg. diarios de ingestión global de alimentos, un
tercio de los cuales deben estar constituidos por proteínas;
un caballo necesita 9 a 11 kg. de ingesta global, de los cuales
3.5 kg. deben ser proteínas. Ya que los alimentos están
compuestos por diversos componentes, la ingestión diaria
debe dividirse en dos mitades, administrándose una de ellas
en forma de pequeñas raciones y la otra en forma de heno.
La ración protéica será entonces de un tercio
del total.
No obstante que los caballos son criados en la montaña o
en el páramo suelen vivir sin problemas en la intemperie
durante el invierno, las yeguas preñadas, aunque pertenezcan
a estos tipos, saldrán favorecidas si se les dá un
cobijo más confortable. Cuando son de otras razas o tipos,
como las que son pura sangre o similares, deben estar resguardadas
durante la noche, desde el principio del invierno hasta que se produzca
el parto. Las dimensiones de la cuadra de la yegua preñada
debe ser amplias, confortables y lo suficientemente espaciosas para
que el parto se lleve a cabo en su interior, ya que llegado el momento,
el animal se encuentre en un ambiente familiar. Cuando la yegua
esta completamente desarrollada necesita una caballeriza de cría
con unas dimensiones de 3.5 x 6 m.
Es de vital importancia que se saque a la hembra todos los días,
después de la ración matinal de alimento, y dejarla
pastar, y hacer ejercicio durante la jornada. El aire fresco y el
ejercicio son de importancia vital, pues ayudan a evitar el exceso
de grasa y facilitan el tránsito de oxígeno a través
del torrente circulatorio hasta la placenta. La actividad evita
además que se desarrolle una constitución perezosa
y que se produzca retención de agua. Tras los paseos, debe
volver al establo al finalizar la tarde, para tomar su ración
nocturna junto con la de heno.
Lo más recomendable es que el animal efectué hasta
dos horas diarias de ejercicio, caminando, se recomienda que ésto
sea en dos sesiones. El pesebre siempre debe estar en perfectas
condiciones, debe estar limpio y fresco y contar con un suministro
de agua limpia. Cuando se va a mantener la yegua dentro de la cuadra
durante el parto, el lugar debe estar libre de corrientes de aire,
tener una buena iluminación eléctrica, sin salientes
peligrosas, algo que es importante tomar en cuenta es que éste
se encuentre cerca de un teléfono y de una fuente de agua
caliente.
La yegua necesita un cepillado semanal, para retirar el barro desecado
y los pelos enmarañados y mantener los poros libres de obstrucción.
Los cascos al igual que todos los caballos deben arreglarse regularmente,
y hay eliminar los gusanos intestinales a intervalos de tres meses,
si la yegua se encuentra en un pastizal amplio y limpio o con vacas,
cada seis semanas, si se encuentra en un pasto de extensión
restringida con otros caballos. Normalmente no es necesario ponerles
manta, a menos que la piel sea especialmente fina y sensible al
frío; en cuyo caso, se encontrará en mejores condiciones
si se le coloca una manta o cobertor de yute por la noche y una
manta de lana por el día, durante los meses fríos.
Cuando la yegua ha servido para la monta antes de su acoplamiento
y sólo ha salido del establo durante un corto período,
la práctica de un trote suave con un jinete de poco peso
no la dañará ni tampoco al feto. Es importante no
someterla nunca a un exceso de ejercicio, ni permitirle que
sude o que se sofoque por efectuar trabajos rápidos o subir
colinas empinadas. Los saltos no son aconsejables y cualquier tipo
de monta debe abandonarse al comienzo del séptimo mes.
El período de gestación es de once meses y cuatro
días, aunque varía, una yegua puede dar a luz un potro
sano a los diez o a los doce meses. Las hembras suelen nacer antes
que los machos, pero no siempre. Tras el décimo mes, es aconsejable
manipular y dar masaje a las ubres y sus zonas adyacentes de las
yeguas que se encuentren en su primera preñez, para evitar
irritaciones cuando el potro roce con el hocico estas zonas en busca
de alimento.
Posteriormente del décimo mes, las ubres comienzan a desarrollarse
y los pezones quedan claramente definidos. A medida que se aproxima
el momento del parto, éstas se agrandan y sufren gran hinchazón,
aparecen glóbulos de cera en los extremos del pezón.
Durante esta fase debe observarse con atención a la yegua,
pues el parto suele producirse durante las 24 horas siguientes.
Al caer los glóbulos de cera y aparece leche y cuando los
músculos de los miembros ceden hacia uno de los lados, el
parto es inminente. Pronto se producirá la distensión
de la vulva, lo que significa que pronto comenzará el suceso.
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