Los
cuatro primeros días posteriores al nacimiento se les denomina
período neonatal, dado que éste es el tiempo en que
se establecen los ajustes más importantes, salvo los relativos
al alimento, que capacitan al potro para llevar una existencia independiente
de la yegua. En este período se empiezan a manifestar también
los síntomas de las enfermedades características de
esta etapa. Como ya hemos visto, muchos de estos trastornos tienen
su origen en la vida intrauterina.
Las
enfermedades neonatales se dividen en cuatro grupos, de los cuales
los tres últimos son de causa no infecciosa:
Grupo
1: infecciones producidas por bacterias o virus. Los síntomas
que se presentan son: pérdida gradual del reflejo de succión,
debilidad progresiva e incapacidad para adoptar la posición
de succión. Pudiendo culminar en un estado de coma, convulsiones,
etc., hasta la muerte.
Grupo
2: síndrome de desorientación neonatal (SDN)
el cual se manifiesta por importantes trastornos del comportamiento.
Entre ellos se encuentran convulsiones, pérdida del reflejo
de succión e incapacidad para reconocer y seguir a la madre.
La terminología antigua denomina a los potros afectados
de diferentes maneras. El trastorno está asociado a lesiones
cerebrales producidas por hemorragia o edema; ello da lugar a
intensos trastornos bioquímicos o respiratorios y a efectos
secundarios debidos al comportamiento alterado y al estado metabólico.
Grupo
3: Alteraciones anatómicas, el paladar hendido, la
boca de loro, las contracturas de tendones, la rotura de vejiga
y diversas deformidades de la cabeza, del cuerpo o de los miembros,
pueden ser hereditarias o desarrollarse a causa de alteraciones
del crecimiento fetal, se atribuyen a infecciones víricas,
deficiencias en la nutrición o por la administración
de fármacos. Sin embargo, faltan datos concretos acerca
del tema, lo cual hace que, actualmente, la etiología de
los aspectos anatómicos equinos sea objeto de estudio.
Grupo
4: Anemia izo inmune o Ictericia hemolítica del potro recién nacido. Enfermedad que se caracteriza
por la fuerte destrucción de los hematíes del potro
por la acción de los anticuerpos que recibe al ingerir
el calostro producido por la yegua. Los anticuerpos que son sustancias
anti-hematíes, se forman en el torrente sanguíneo
de la yegua, a consecuencia del factor hereditario el cual se
localiza en los hematíes del potro. Algunos glóbulos
rojos del feto cruzan la placenta y pasan a la circulación
de la yegua durante la fase de desarrollo fetal, actuando de modo
semejante a una vacuna, estimulando a los tejidos maternos para
que produzcan un anticuerpo específico contra los glóbulos
rojos del potro. Los anticuerpos se agrupan en el calostro, junto
con los que tienen un carácter protector, y son absorbidos
a través del intestino delgado, inmediatamente después
de la primera ingestión de alimento que sigue al parto.
El potro desarrolla una ictericia que crece progresivamente, aumenta
la frecuencia cardiaca y el ritmo respiratorio al hacer ejercicio,
en la mayor parte de los casos, el potro muere en los primeros
tres días. Si es detectado a tiempo dicho trastorno, puede
prevenirse, evitando la ingestión de calostro durante las
primeras 24 horas de vida, período durante el cual se coloca
al potro un bozal y se le administra calostro de otra yegua; después
será alimentado con leche artificial. Si es conveniente
puede mamar la leche de su propia madre tras un plazo de 24 horas,
ya que el intestino delgado ha perdido ya la capacidad para absorber
el anticuerpo.
El
cólico meconial, que es producido por alteraciones digestivas
en el paso de los primeros excrementos, es una alteración
relativamente simple, que se incluye en el grupo 2.
El
tratamiento de las afecciones neonatales las cuales en su mayoría
son sintomáticas; tal es el caso de la incapacidad para
levantarse, mediante el auxilio de ayudantes y con cuidados generales,
dicha incapacidad para levantarse a mamar obliga a alimentar al
potro con biberón; la falta del reflejo de succión
el cual se soluciona alimentando al potro mediante una sonda gástrica;
incapacidad para mantener la temperatura corporal, calentando
el pesebre del animal, y la deshidratación, con fluido
terapia intravenosa y transfusiones de sangre completa o de plasma;
El tratamiento específico consta de la administración
de antibióticos contra las infecciones, la corrección
quirúrgica de la rotura de vejiga y la transfusión
de glóbulos rojos en los casos de ictericia hemolítica. |